Por lo general, asociamos la demencia a la tercera edad, aunque también se da a otras edades (como es el caso de la llamada demencia prematura presenil).

La demencia senil es una enfermedad propia de personas mayores que presenta síntomas de deterioro cerebral y de la cognición. De hecho, la radiografía de un cerebro afectado por determinados tipos de demencia senil en estado avanzado, ya nos permite apreciar los considerables daños en los tejidos neurológicos y la masiva destrucción de neuronas. Esta patología implica la pérdida tanto de capacidades cognitivas y del juicio, como de autonomía funcional y en el desarrollo de la actividad normal y cotidiana.

Se trata, pues, de una enfermedad terrible, que hay que detectar en el momento justo para poder tratarla y medicarla. Ello retrasa y aplaca los síntomas de demencia senil, pero por desgracia aún no se ha encontrado una solución farmacológica que pueda calificarse de definitiva.

Síntomas de la demencia senil

En la demencia senil, el deterioro de la cognición debe ser por un tiempo prolongado, con una duración de a partir de 6 meses según la clasificación clínica vigente hoy (CIE-10). Este criterio es necesario para diferenciar lo que es propiamente senilidad del síndrome confusional (trastorno cognitivo de carácter transitorio que se produce en personas mayores).

En los síntomas iniciales más comunes de las demencias seniles pueden observarse:

  • Cambios de humor y alteraciones de la sociabilidad del afectado, que comienza a perder las habilidades sociales y códigos comúnmente aceptados del comportamiento en sociedad.
  • Trastorno de memoria episódica: el enfermo sufre ocasionales amnesias o pérdidas de memoria de actividades, objetos, personas, recientes, que conocía, manejaba o recordaba poco antes.
  • Alteraciones del lenguaje: afasia o incapacidad de hablar o expresarse con palabras; demencia semántica, o incapacidad de asociar cada palabra con su significado correcto.
  • Se van alterando el conjunto de capacidades cognoscitivas que permiten que la mente establezca y anticipe metas de actividades complejas a realizar, el diseño de planes para llevarlas a cabo, la organización del espacio y del tiempo. Por ejemplo, el enfermo ya no sabe cocinar un huevo frito porque no sabe cómo cubrir las fases para llegar al resultado final.

 Fases de la demencia senil

Asimismo, las fases de la senilidad se manifiestan en una sintomatología que avanza así:

  • El enfermo comienza olvidando cómo realizar actividades de carácter complejo o avanzado, más tarde, las de carácter instrumental; y, por último, las de carácter más básico, como vestirse, atarse los zapatos, echarse un vaso de agua, etc.
  • En determinados tipos de demencias, como las asociadas al párkinson y sus síntomas finales, se produce un paulatino empeoramiento de las alteraciones que sufre el enfermo. Por ejemplo, las alteraciones motoras, como la disfagia (disfunción de los músculos de la lengua, la garganta o el esófago, por la que se padecen serias dificultades para formar el bolo alimenticio), o la disartria (parálisis de los centros nerviosos de los músculos que producen fonación, por la que se hace imposible articular sonidos).
  • Tienden a empeorar los trastornos psico-afectivos como la abulia (apatía, desgana o desánimo para realizar cualquier actividad) o irascibilidad.
  • En las fases finales o más avanzadas, el enfermo ha perdido las capacidades de memorización y concentración, sus capacidades de lenguaje han quedado reducidas al mínimo, ya no posee capacidades ejecutivas de las tareas más sencillas.

Tipos de demencias

Aunque aquí hemos esbozado someramente los síntomas comunes o más habituales en la mayoría de demencias, también es preciso distinguir entre los diversos tipos que existen. Hay diversos tipos de demencias seniles, con diferencias en sus causas y su sintomatología. Debido a su gran variedad y complejidad, resumiremos aquí algunos rasgos destacados de las más frecuentes y conocidas:

  • Demencia vascular. Es la producida por accidentes cerebrovasculares, isquemias o lesiones vasculares. Pueden deberse a infartos reiterados (multiinfarto), ictus, lesiones vasculares (por ejemplo, de la sustancia blanca perventricular), hemorragias, etc.
  • Alzheimer. La más tristemente célebre y temida de todas las demencias. Es un síndrome clínico neurodegenerativo e irreversible, viene causada por la formación en el cerebro de placas neurofibrilares (pequeñas fibras proteínicas entrelazadas en el interior de las neuronas) y placas neuríticas (también llamadas placas seniles o amiloides: formadas en los espacios entre las neuronas por acumulación de la proteína beta-amiloide). El enfermo de Alzheimer en fase terminal queda reducido a una apatía e inmovilidad total.
  • Demencia asociada al Parkinson. Es la relacionada con el transcurso de la enfermedad neurodegenerativa del mismo nombre. Afecta a la atención y a las capacidades ejecutivas para desempeñar tareas cotidianas, así como a las capacidades visuoespaciales (las que permiten la construcción mental de espacios en tres dimensiones para avanzar y situarnos en ellos).
  • Demencia con cuerpos de Lewy. Deterioro de la cognición que va fluctuando o variando por momentos. Se caracteriza por síntomas psicóticos (delirios, alucinaciones, etc). Su causa es la formación en el cerebro de placas (similares a las del Alzheimer) y neuritas de Lewy (lesiones neuronales que afectan especialmente al hipocampo, zona cerebral fundamental en la memoria), generalmente en la corteza cerebral, pero también en núcleos subcorticales.

La demencia senil es un problema cada vez más presente en sociedades como la nuestra, inmersas desde hace décadas en pleno envejecimiento demográfico. Son dolencias extremadamente graves que requieren que estemos preparados y tengamos un conocimiento suficiente de qué es lo que está sucediendo, para ponerlo en manos de profesionales y cuidadores, que son los que pueden combatir y aplacar este terrible mal.