Tras una sesión de tratamiento fisioterapéutico, es normal y habitual sentir dolores en las zonas tratadas. Esto no se produce con los masajes de mero relax, pero por el contrario sí sucede cuando hemos recibido tratamientos más expeditivos, como por ejemplo los de masaje anticelulítico o descontracturante. Pero ¿cómo actuar en estos casos?

Las molestias que pueden producirse después de una sesión de este tipo nos llevan a pensar si no nos habremos puesto peor, o si necesariamente la fisioterapia ha de ser dolorosa en sus intervenciones o en sus secuelas inmediatas.  Ha de recalcarse que todo ello son creencias falsas, o, cuando menos, generalizaciones excesivas.

Los tratamientos fisioterapéuticos más enérgicos llevan a síntomas como la rotura de microfibras musculares, el aumento de la temperatura del cuerpo, o la vasodilatación. Es normal que como pacientes de estas sesiones podamos sentir dolores varios, fundamentalmente agujetas o dolores de la piel en las zonas tratadas (dolores dérmicos), así como una señalada sensación de fatiga muscular.

Dolor después de rehabilitación y otras molestias después del fisio

Moratones después del fisio, dolor después de la rehabilitación, dolor de cabeza después de ir al fisio… Son muchas las formas que adoptan las molestias después de asistir a una sesión del fisioterapeuta. Ninguno de estos síntomas ha de considerarse preocupante. Todos ellos suelen formar parte de un proceso de ajustes por parte de nuestro cuerpo, como antesala de la recuperación de las lesiones, contracturas u otros males que estemos sometiendo a tratamiento. También pueden corresponderse con diversos problemas del torrente sanguíneo en las zonas afectadas, y también del hecho de que este vuelva a fluir, lo que después podrá tener un efecto sedativo contra el dolor de los males que padece la persona tratada.

Así, por ejemplo, los moratones suelen ser fruto de una mala circulación en la zona tratada, por lo que tienden a reducirse y desaparecer en sesiones posteriores. Los dolores de cabeza después de ir al fisio son normales cuando el especialista ha debido intervenir enérgicamente sobre las contracturas musculares del área cervical.

A veces, incluso podemos sentir fiebre después de la fisioterapia. En el organismo, la fiebre no es otra cosa que un mecanismo de autodefensa y adaptación a nuevos estados de nuestro cuerpo. Por lo tanto, es normal que ante los cambios ejercidos por la fisioterapia (cambios que a menudo, y como hemos visto, se experimentan con cierta dificultad inicial) podamos experimentar sensaciones febriles.

Después de un masaje es normal que te duela una semana. Estas terapias ejercen sobre nuestro cuerpo la capacidad de cambiarlo y de acabar con las anomalías y molestias de nuestros músculos. Por lo tanto, los dolores posterapéuticos son un mal menor que debemos afrontar para alcanzar el bienestar que deseamos.

Los efectos del masaje en nuestro cuerpo

La intervención por masoterapia, es decir, el masaje, es una de las más habituales y frecuentes en fisioterapia, hasta el punto de que muchos creen erróneamente que la especialización científica se reduce poco más o menos que al oficio de masajista. Aunque ello constituya un error muy extendido, en todo caso es bueno que conozcamos los múltiples efectos provechosos de la masoterapia en nuestro cuerpo. Así:

  • Masaje aplicado con suavidad. Dilata los vasos sanguíneos, y además es de especial eficacia contra la tensión y el estado espasmódico de los tejidos musculares, con lo que aplaca el dolor en las zonas tratadas.
  • El masaje aplicado con mayor profundidad libera un neurotransmisor llamado histamina en los tejidos tratados: esta incrementa la sensibilidad nerviosa, lo que paradójicamente reducirá el dolor, produciendo efectos sedantes. También aumenta la fluidez del torrente sanguíneo, y es vasodilatador.

Qué hacer para recuperarnos de los dolores

El cuerpo necesita un tiempo para que los tejidos musculares vuelvan a su estado primigenio y natural después de las sesiones. No obstante, podemos tomar una serie de medidas y precauciones para minimizar en lo posible las molestias derivadas de las sesiones:

Cuidar la alimentación que tomamos. Algunos alimentos favorecen la recuperación de tejidos y la regeneración de las microfibras musculares, por lo que son especialmente recomendables en estos casos. Se trata de los elementos con abundancia en Omega 3, tales como los pescados y los frutos secos. Las vitaminas C y E también ejercen un efecto beneficioso sobre los tejidos musculares y las zonas osteoarticulares.

Aguardar al menos 24 horas antes de precipitarse a ejercitar los músculos de la zona tratada por el especialista. La relajación muscular efecto y consecuencia de los masajes fisioterapéuticos pueden facilitar que forcemos en exceso nuestros tejidos musculares sin advertirlo. Además, puede incrementar los dolores en lugar de reducirlos.

Aplicar geles antiinflamatorios en las zonas afectadas.

Aplicar frío para reducir la inflamación. Algo de hielo en la zona inflamada reduce la actividad de los vasos sanguíneos del área y la respuesta vasodilatadora de estos que produce las inflamaciones. Además, alivia el dolor de inmediato.

Aplicar friegas en las zonas afectadas y someterlas a los llamados baños de contraste: es decir, baños en que se somete alternativamente a la zona afectada a altas y bajas temperaturas en determinados tiempos.

Ya 48 horas después del tratamiento, se recomienda todavía que, de ejercitar los músculos de la zona afectada, ello sea de una forma moderada. Una vez transcurrido este periodo de tiempo, ya lo recomendable es ir incrementando paulatinamente la actividad del cuerpo y el ejercicio físico.

Los dolores y molestias tras las sesiones del fisio son algo normal, y la prueba por la que debemos pasar para alcanzar el bienestar y equilibrio que buscamos. Es bueno ir al fisioterapeuta. Sólo con determinadas precauciones básicas, podremos reducir estas molestias y seguir con nuestra vida normal.